RENUNCIO EL PADRE MINGO - Navarro en Lineas

RENUNCIO EL PADRE MINGO

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Queridos amigos de Navarro:

El próximo 23 de diciembre estaré cumpliendo cinco años al frente de esta querida comunidad parroquial de San Lorenzo de Navarro. Durante este tiempo el Señor me ha dado la oportunidad de conocer un pueblo maravilloso en la que la parroquia y la vida de la fe tienen un lugar preponderante. Durante estos cinco años en que me ha tocado apacentar el rebaño del Señor en Navarro he conocido muchas familias, visitado muchos hogares y he acompañado a mis hermanos en las diversas circunstancias que la vida nos presenta, tanto las alegres como las tristes. Dios me ha regalado muchos buenos amigos en Navarro cuya amistad seguirá por siempre. En fin, no puedo menos que dar un inmenso gracias al Señor por haberme llamado a ser el pastor de esta histórica y hermosa comunidad parroquial de San Lorenzo de Navarro.

Junto a todas estas cosas buenas que he vivido también debo decir que no han estado ausentes algunas cruces propias de la vida sacerdotal. Ciertos sinsabores y tensiones que no han cesado hasta el día de hoy han ido deteriorando lentamente mi salud al punto de tener que recurrir a la asistencia médica en diferentes oportunidades. Ante este panorama adverso se ha visto con los médicos la necesidad de una intervención quirúrgica no de riesgo, pero que sí demandará cuidados especiales en adelante en aras de optimizar la expectativa y la calidad de vida de mi persona.

Es por eso que, tomando todo esto en consideración, y después de un prudente tiempo de reflexión, de oración y de conversaciones y consultas con mis superiores los obispos, he tomado la decisión de renunciar al oficio de Cura Párroco de la parroquia San Lorenzo Mártir de Navarro.

No ha sido fácil tomar esta determinación y soy consciente que a mucha gente le va a costar asimilarla, pero estoy seguro de que con el tiempo se verá lo acertado de la misma ya que habrá de redundar no sólo en beneficio de mi salud sino, sobre todo, en el beneficio de la comunidad. Considero que es tiempo de que la comunidad de Navarro tenga un pastor que trabaje por ella con fuerzas nuevas, con entusiasmo y alegría renovados, como lo he procurado hacer yo desde el primer momento.

Los mayores recordarán que en su momento, mis predecesores los queridos padres Antonio Martínez y Alfredo Pironio se fueron de la parroquia, en circunstancias más o menos similares, hacia otros destinos, uno en 1956 y otro en 1983. De modo que mi decisión no es algo nuevo en la larga vida de la parroquia.

Mi nuevo destino será un lugar más tranquilo y pacífico pero con una feligresía que esperacon alegría a su pastor. Iré a servir a la pequeña comunidad de Cortinez, en el partido de Luján. Estaré nuevamente trabajando a los pies de Nuestra Madre de Luján muy cerquita de su santuario y eso me pone muy contento.

Les pido que al nuevo pastor que el Señor les envíe lo cuiden mucho, que aprendan a quererlo, a respetarlo y a obedecerlo como hijos con su padre porque en la autoridad del pastor está la autoridad de Cristo. Sean con su pastor pacientes y misericordiosos. El pastor es el enviado del Señor, por eso es muy claro cuando se dirige a sus pastores y les dice: “ El que los escucha a ustedes, me escucha a mí; el que los rechaza a ustedes, me rechaza a mí; y el que me rechaza, rechaza a aquel que me envió” (Lucas 10, 16)

Todo lo que he hecho en estos cinco años lo he hecho de corazón y las decisiones que he tomado, algunas difíciles, las he tomado en consciencia y tomándome mi tiempo de reflexión y de consulta. En ese sentido me voy con mucha paz en mi consciencia. Pero también sé que desde mis humanas limitaciones seguramente he cometido errores, aunque involuntariamente. Por eso también quiero pedir sinceramente perdón a quien se haya sentido herido a causa de mi accionar. Todo lo que he hecho ha sido siempre buscando el bien de la comunidad y procurando que los que estaban más alejados pudieran acercarse a la parroquia sin temor ni vergüenza, encontrando una comunidad en la que se sintieran como en su casa.

Mis amigos, no me queda más que expresar de corazón mi enorme agradecimiento a todos los navarrenses por haberme abierto las puertas de sus casas y de su corazón. He aprendido mucho entre ustedes y siempre estaré rezando por ustedes.

Permítanme concluir este anuncio, con las inspiradoras letras del brevísimo poema de José Martí con que el recordado padre Antonio Martínez se despidió de Navarro tras 15 años de apacentar su rebaño en el año 1956: “Cultivo una rosa blanca en junio como en enero para el amigo sincero que me da su mano franca. Y para el cruel que me arranca el corazón con que vivo, cardo ni ortiga cultivo; cultivo la rosa blanca”

Amigos míos: los quiero mucho. Recen por mí. ¡Y que Dios los bendiga a todos!

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